Lo que aparece cuando te quedás solo de verdad
Vengo bajando de tres días y dos noches solo en la montaña. Sin gente, sin teléfono, casi sin comida. Es una de las prácticas más potentes que uso en mis programas de inmersión, y también una de las más incómodas: las primeras horas la cabeza no para un segundo. Te cuento cómo es por dentro, qué hace falta para que funcione, y qué aparece cuando por fin se hace el silencio.
El año bisagra
¿Cuántas veces, al comenzar un nuevo año, te tomaste un tiempo de total desconexión de la tecnología, de tu entorno laboral, familiar y rutinario, para evaluar con perspectiva tu situación actual y planificar a conciencia los próximos pasos a seguir en tu vida? Si no lo hiciste, ¿cómo podés asegurar que el 2025 será diferente, e incluso mejor que el 2024? ¿Cómo podrías asegurar que las decisiones que vas a tomar te llevarán a los resultados que esperás a fin de este año?
Hoy, en este nuevo episodio de Reinvención Personal, la aventura de convertirse en uno mismo, quiero hablarte del poder de la soledad y del silencio. En los próximos minutos te enseñaré uno de los métodos terapéuticos más potentes que existen, que utilizo en mis programas de inmersión en la naturaleza y que es capaz de abrirte puertas hacia transformaciones profundas y significativas.
Si decidís acompañarme a transitar la senda del día de hoy y aplicar lo que voy a comentarte, este año que comienza podría convertirse en uno de esos años bisagra en tu propia biografía, un año donde podrías romper la inercia y la repetición y orientar definitivamente tu vida en dirección a la vida que soñás desde hace tiempo. ¿Qué te parece la idea? ¿Iniciamos juntos la marcha?
Hola, te doy la bienvenida a mi podcast de Reinvención Personal. Mi nombre es Walter Lema, soy un ingeniero que fabricaba locomotoras hasta que un día, respondiendo un llamado interior, decidí irme a las montañas a concretar un sueño: el de transformar vidas a través de la aventura. Cada semana te compartiré registros de mi bitácora de travesía, para ayudarte a avanzar en tu propio camino de reinvención hacia la vida que soñás. Gracias por acompañarme a recorrer la senda en el día de hoy.
El motivo del solo
Acabo de regresar de mi solo de tres días en la montaña. Ese es el nombre del método del cual quiero hablarte. El solo puede aplicarse en diferentes escenarios y tener diferentes duraciones. Te voy a contar mi experiencia primero, para que comprendas cómo funciona y entiendas su potencial, y después hablaremos de cómo podrías implementarlo en tu propia experiencia de vida.
El primer paso en el solo es definir el motivo por el cual hacerlo, ya que tiene muchas aplicaciones diferentes. Más adelante te voy a contar los detalles de cada una de ellas. En principio te cuento que en mi caso venía de un año muy difícil, demasiada carga laboral y familiar, situaciones que me exigieron el máximo emocionalmente, agotamiento excesivo y, sobre todo, dudas respecto de mi futuro que hacía tiempo que no experimentaba con tanta intensidad y tanta persistencia. Necesitaba parar, hacer un stop, un reset completo antes de tomar decisiones importantes.
El hacer y el ser
Bueno, hasta acá quizás nada muy diferente a lo que le sucede a mucha gente. Lo diferente, tal vez, en este caso, es la forma de abordar la situación. Por lo general, lo que la mayoría de las personas buscan en esta época del año es distraerse, divertirse, hacer algo diferente, viajar. Pero el solo te propone otra cosa. No tiene que ver con el hacer o con un hacer distinto, sino enfocarse exclusivamente en el ser. Como vas a ver, los resultados son completamente diferentes.
Suponiendo que definiste tus vacaciones basándote en el hacer, en el mejor de los casos vas a regresar con una emocionalidad más equilibrada y, dependiendo de lo que hayas hecho, dónde y de qué manera, tal vez más relajado, más relajada, y con cierto nivel de bienestar físico. Lo habitual es que, pasadas las primeras semanas, tu estado físico, mental y emocional vuelva a retomar donde lo dejaste antes de la vacación.
Un solo tiene la capacidad de aportarte bienestar físico y psicoemocional, pero además algo mucho más valioso y perdurable en el tiempo, que es la expansión de la conciencia. Algo fundamental si te encontrás, por ejemplo, ante la necesidad de tomar decisiones que van a tener un impacto en tu futuro.
Tres días y dos noches
Bueno, te cuento entonces mi solo. Portando una mochila con algunos alimentos y el equipamiento mínimo para sobrevivir en el medio silvestre durante tres días y dos noches, me interné solo en las montañas con una única consigna: no tener consignas. De eso se trata el solo, una pausa en el tiempo y en el espacio, donde lo importante es estar presente, atento a lo que ocurra tanto dentro como fuera de vos mismo, sin intervenir y dejando que suceda lo que tenga que suceder.
Si bien tenía un propósito general en mente antes de iniciar mi retiro, que era adquirir mayor claridad respecto de mi futuro, ni bien puse un pie en la senda solté todo deseo y expectativa. Caminé como tres horas y media, alejándome de la civilización, hasta llegar al destino que tenía previsto. Elegí ese lugar porque las chances de cruzarme con otra persona eran prácticamente nulas. Y así fue. Estuve solo tres días y dos noches, alejado de todo y desconectado completamente de las tecnologías y de mis rutinas. Lo único que tenía conmigo era mi mochila, algo de abrigo, una bolsa de dormir y unos pocos alimentos. Ni la carpa quise llevar.
Quizás alguno pueda decir: bueno, pero te fuiste a una playa de arena paradisíaca en el medio de la Patagonia y estabas rodeado de la belleza natural de este lugar. Y esto puede parecer una experiencia de mucho placer, pero no suele ser así todo el tiempo. El solo puede ser como una montaña rusa de emociones, sobre todo en las condiciones en las que yo me lo propuse esta vez.
Momentos de máxima alegría y disfrute, por ejemplo al iniciar la caminata por el bosque, y sentir una paz profunda al contemplar los últimos rayos de sol en el campamento. Incertidumbre y temor ante los sonidos, el frío y la oscuridad de la noche. Euforia y entusiasmo por la salida del sol detrás de las montañas al amanecer, y el asombro ante la increíble explosión de la vida en ese instante. También fastidio, en algún momento, por el calor al mediodía y los insectos. Sorpresa por algunos malestares en el cuerpo que no esperaba, y angustia por no saber cómo me iba a impactar física y emocionalmente la segunda noche. Ansiedad al iniciar el último día, sabiendo que en el fondo necesitaba respuestas. Gratitud, finalmente, por la inspiración espontánea que surgió en la caminata al regreso.
Si tuviera que describirte lo vivido en pocas palabras, lo resumiría como una experiencia intensa, ambivalente y muy poderosa. Por eso te lo recomiendo al mil por ciento.
Lo que traje de la montaña
¿Cuál fue el resultado, para mí, del encuentro con la montaña? En este caso liberé peso que llevaba en mi mochila, porque solté presiones, exigencias, pude dejar atrás culpas y frustraciones que, sin darme cuenta, me había cargado en mi espalda. Volví a sentirme libre y en paz, algo que hacía mucho tiempo me estaba faltando.
Es cierto que no me traje todas las respuestas, pero sí me traje las respuestas importantes. Traje reafirmación en algunas intenciones y ciertos cuestionamientos en otras que, bueno, voy a tener que seguir elaborando. Pude ordenar mis valores, pero ajustados a lo que pienso y lo que siento en el día de hoy, que no es lo mismo que pensaba y sentía hace un año. Pude ver claramente también dónde me encuentro, por qué estoy donde estoy, y de esta forma despejar dudas respecto de a dónde quiero ir.
El propósito y la pregunta
Quisiera contarte ahora la estructura de esta experiencia, para que de a poquito vayas conociendo cómo se diseña y podamos conversar luego respecto de cómo vos podrías replicarla.
Bueno, antes de iniciar la experiencia, como ya te dije hace unos minutos, es importante definir un propósito. Y también es muy útil empezar con una pregunta trascendente que necesites responderte.
Al iniciar la caminata, en el momento en que abrís la experiencia, es el momento de soltar todo: soltar todas tus expectativas, todos tus deseos, simplemente observar con atención. Yo te estoy hablando de mi experiencia particular, que después habrá que extrapolar a las experiencias que vos quieras, a lo mejor, diseñar. Pero en mi caso era una inmersión en la naturaleza.
La telaraña iluminada
Y lo que ayuda, el primer paso en este solo cuando iniciás esa experiencia, es simplemente estar atento y observar, por ejemplo, la naturaleza, apreciando las pequeñas cosas que te vayan llamando la atención a medida que vas caminando.
En mi caso, muchas cosas me fueron captando la atención en ese primer día. Y a veces son pequeños detalles, ¿no?, que uno pasa por alto. No sé, algo que me llamó la atención en este caso, que no es que no lo había visto antes, pero en este caso, por cómo le daba el sol, por la orientación, mientras yo caminaba, etcétera: en un momento vi como iluminadas, como si estuvieran irradiadas por una luz brillante, distintas capas de una telaraña metida dentro de un tronco. Parecían incandescentes, por eso me llamó la atención, ¿no? Pero eso tenía que ver con cómo le daba el sol. Como te digo, telarañas he visto un montón en el bosque, pero esta particularmente me llamó mucho la atención. Y sobre todo los distintos niveles, las distintas capas transparentes, ¿no?
Uno va observando estos fenómenos, y nada de lo que observás mientras estás caminando es producto de la casualidad. No es el momento para analizar estos eventos, cuando inicia la experiencia, pero sí lo podés retomar más adelante, y te aseguro que le vas a encontrar un montón de sentido.
Fijate lo que me pasó a mí después, al analizar la experiencia, y eso va a venir en algún momento: yo también estaba como intentando pasar diferentes capas, capas hacia adentro, en este caso. Y es muy representativa la imagen de la telaraña y sus distintas capas. Pero bueno, esto no es lo que tenés que hacer en el inicio. Esto es simplemente observar, apreciar estas pequeñas cosas y seguir adelante.
El vacío
La idea es que te puedas vaciar, que puedas hacer espacio, porque eso es lo que muchas veces nos sucede: estamos llenos. Nuestra mente, nuestro corazón, nuestro cuerpo está totalmente sobresaturado de información, de situaciones que quedan como pegadas en la piel, y no hay espacio para lo nuevo. Siempre estamos dando vueltas sobre lo viejo. Entonces, si necesitás inspiración, si necesitás creatividad, hay que hacer espacio, y la forma, en el solo, por ejemplo, es esta idea, esta intención de vaciarte.
La presencia en cada acto
Ya promediando la experiencia, esta permanencia en tiempo presente, no solamente sobre el entorno sino sobre cada uno de tus actos, es sumamente importante. Digo esto porque, cuando me refiero a cada uno de tus actos, en la caminata podría ser cada uno de tus pasos, sentir el cuerpo, sentir la mochila, ajustar lo que necesites ajustar. Y cuando estás en el campamento, cada uno de los actos puede ser la preparación de la comida, cómo armás el escenario donde vas a pasar la noche. El estar muy presente en cada uno de esos actos, y en cada uno de los detalles también de esos actos.
Es observar también tus pensamientos. En algún momento va a haber mucho tiempo en el cual uno aparentemente no hace nada: observar el entorno y observar tus pensamientos a medida que van apareciendo, sin intervenir. Es como una especie de meditación, sin dudas, de mindfulness, pero en un contexto diferente.
Escuchar tu cuerpo y sus necesidades es muy importante, y responder a esas necesidades. Si estás incómodo en la posición, cambiar la posición; si necesitás acostarte, acostarte; si necesitás levantarte, levantarte. En fin. Prestar atención también a tus emociones, a lo que vas sintiendo en cada momento, e intentar ponerle un nombre. Aceptar eso que estás sintiendo, ponerle un nombre y seguir, digamos. No quedarte a analizar nada: no es momento de analizar.
Dejar que la respuesta te encuentre
Ya aproximándote, a lo mejor, al cierre de la experiencia -no en el final, pero sí en la última etapa-, ahí es importante, supongamos, al inicio de ese día, del último día, recuperar la pregunta que traías al inicio, en este caso, de la travesía. No para responderla en ese momento, sino para traerla a tu atención. Es interesante intentar seguir manteniendo la atención plena en todo lo que venías prestando la atención, pero ahora con la conciencia de que hay una pregunta dentro de ese escenario. No buscar la respuesta, sino dejar que la respuesta te encuentre. Es algo muy diferente, ¿no?
La respuesta te va a encontrar, como te decía, en la medida en que vos hagas el vacío. Ese vacío va a ser generado, y si le das una orientación hacia aquello que querés poner en ese vacío, que es esto de traer la pregunta, lo más probable es que esa pregunta lo ocupe. Pero no hay que forzar, digamos.
En mi caso, las respuestas y los análisis y los insights, te diría, más interesantes surgieron recién en la caminata de regreso. Se ve que yo necesitaba vaciarme un montón. Y no sé si no me quedó corto el solo, te digo, honestamente. Pero bueno, esto sucede cuando tiene que suceder, no cuando uno lo planifica.
Y después podés dejar pasar unos días -tres, cuatro días, una semana- para que tengas cierta perspectiva. Ahí es interesante ponerte a analizar la experiencia. Ahí es donde aparecen algunas conexiones, como la que te dije de la telaraña. No me apareció allá; después, mirando hacia atrás, es como que empiezo a entender. Y empezamos a unir los puntos. Entonces la respuesta que apareció en la travesía se expande, ¿no?, en 4K, en 8K. Empezás a ver otros detalles: el proceso continúa. El solo no termina cuando vos decidiste terminarlo, sino que podés darle un cierre en este momento que te digo, de evaluación de lo vivido.
Las cinco claves
¿Cuáles son las claves para que un solo te genere resultados? Y esto ya hablando en general.
Punto número uno: el distanciamiento. El alejarte de todo lo que representa tu vida cotidiana: los hábitos, las costumbres, las personas, los entornos físicos. Tenés que poder desidentificarte. Uno termina identificándose con los espacios, con las personas, con las tareas, con los hábitos que desarrollamos cotidianamente, y creemos que somos eso, en definitiva. Y en realidad somos muchísimo más. Entonces, para realmente poder encontrar eso que, a lo mejor, no podés encontrar dentro de esa identificación, tenés que tomar distancia.
El segundo punto importantísimo es el silencio. El silencio, en su profundidad, es donde se encuentran los tesoros. El silencio es potencialidad ilimitada. El silencio es infinito, como el espacio. Si mirás el cielo a la noche y la profundidad del espacio, te das una idea de lo que implica el silencio. En este caso es fundamental. Por eso, no interactuar con nadie, no hablar con nadie. Esto es clave, digamos. Y no ponerte a escuchar música. Nada, nada que te reconecte con lo rutinario.
El tiempo es otro punto importantísimo. Todos estos procesos requieren un desarrollo, no son inmediatos. Ya te mencioné las diferentes etapas anteriormente. Bueno, en esto tenés que tener en cuenta el propósito: hay propósitos que requieren mayor duración, procesos más largos, y hay otros que, a lo mejor, no lo necesitan. Un solo puede ir desde dos horas hasta lo que vos necesites, hasta lo que vos quieras. Puede ser una hora, un día, tres días como en mi caso, una semana.
El cuarto punto importante es que tengas en cuenta el entorno: que el entorno sea estimulante, que sea armónico con el proceso en el que te vas a meter. Siempre lo voy a decir: no existe un mejor entorno para este tipo de procesos, para lo introspectivo, para lo creativo, para inspirarte, para aprender, para conocerte, que la naturaleza, claramente. La naturaleza es el entorno por excelencia para todo este tipo de procesos.
Y el punto número cinco, importante, es el vacío, el vaciarte. Fijate que la mayor parte de mi solo fue vaciarme, no llenarme de pensamientos, cuestionamientos, de análisis. El vacío es fundamental, porque el vacío crea el espacio para que eso nuevo que estás buscando pueda entrar y alojarse allí.
Si seguís estos principios, el solo tiene altas probabilidades de darte buenos resultados. En el caso de que necesites orientación, escribime; me gustaría mucho conocer qué es lo que estás necesitando y ayudarte.
Las resistencias
Tené en cuenta que, si nunca hiciste un solo, es esperable que te enfrentes a ciertas resistencias, conscientes e inconscientes, porque no estás programado o programada para esto. Por eso cuesta desconectarse de los dispositivos electrónicos, de las personas de tu entorno, de tus hábitos y de tus responsabilidades de todos los días.
La resistencia puede presentarse de diferentes maneras. Algunas son viscerales, a través de emociones, por ejemplo el miedo, la angustia, la ansiedad, la culpa. Y te puede aparecer a través de pensamientos que a lo mejor ya los estás teniendo. No, esto no es para mí. Esto es para los locos como Walter, que se internan en la montaña y se quedan ahí solos, o algo así. No, no tengo tiempo, tengo demasiadas cosas. No, me tengo que ir de vacaciones, me voy a ir de vacaciones con mi familia, no, no, no, no me puedo ir solo tres días. No, yo no lo necesito, la verdad que... no, no, no, estoy... ya me las voy a rebuscar, ya me voy a hacer el tiempo. Además, voy a terapia, ojo, mantengo mi terapia, así que... ¿Y si me pasa algo, y estoy solo? ¿Quién me va a rescatar, no? Y me voy a aburrir. No hacer nada, tres días, ¿cómo es eso? Para no hacer nada, tres días. No, pero yo no voy a poder, no, no, no, esto no, ya te dije que no es para mí, no, no puedo. Y vos sabés cómo soy, no puedo parar de hablar. Imaginate, no hablar con nadie durante tres días, me mata. O sea, no, no, olvidate.
Bueno, algunas de las conversaciones que a lo mejor andan dando vuelta por ahí en el momento de la resistencia. Son simplemente eso: resistencias.
Si te pasa algo de todo esto, es importante que recuerdes el para qué de tu solo. El motivo tiene que ser lo suficientemente potente como para ayudarte a vencer esa resistencia. Y tomate el tiempo que necesites para definir claramente ese motivo, porque ese va a ser tu talismán.
Las dos vías del motivo
Podés hacerlo de dos maneras, mirá. Normalmente nos motivamos o por la vía de la desesperación, o por la vía de la aspiración.
En el primer caso, pensando en todo lo negativo que querés erradicar de tu vida, aquello que te desespera, de lo que no querés saber más nada. Por ejemplo, la necesidad de dejar un trabajo que no te gusta, de dejar la relación que te hace mal, un estado anímico que te hace sentir incapaz, la confusión y la angustia de no saber qué decisión vas a tomar -algo de lo que me pasaba a mí-, la infelicidad que te genera un estilo de vida, la sensación de no tener salida, de sentirte preso, presa, de las circunstancias que te toca vivir, o el vacío de una vida sin propósito, el sentir que nada tiene sentido. Hasta acá, los motivos vinculados a la desesperación.
En cuanto a lo aspiracional, pensando en todo aquello positivo que quisieras atraer a tu vida, a lo cual aspirás. Como la abundancia de un trabajo que te llene el alma y los bolsillos, una nueva relación de pareja o de amistad que te aporte felicidad, o la recomposición de una relación actual que tenés en conflicto, con una pareja, con tu hijo, con un pariente, un familiar. El despertarte a la mañana con entusiasmo -mejor aspirar a esto-, sabiendo lo que tenés que hacer y con ganas de darlo todo para lograrlo. La certeza de saber cuál es tu lugar y tu propósito en el mundo, la tranquilidad de saber que vas por el camino correcto, la paz ante una decisión difícil que te toca tomar en breve, la claridad respecto de tus valores y tu escala de prioridades, etcétera, etcétera.
Mi sugerencia es que te apoyes en las dos, y que elijas una, a lo mejor, de cada una de estas dos opciones: aquello que te desespera y aquello a lo cual aspirás.
Luego pensá bien en la pregunta. Yo te decía: después del propósito, escribir una pregunta importante que necesitás responder, y escribirla en un papel y guardarla para recuperarla en la etapa final del solo. Acordate que, una vez que iniciás este proceso, es vital que sueltes todas las expectativas.
El invierno en el alma
¿Sabés por qué es tan importante que lo hagas? Siempre que necesito referencias para la vida, trato de observar a la naturaleza en acción. ¿Cuál es el momento más creativo en el bosque, donde las fuerzas del cambio y de lo nuevo son más evidentes en el año? ¿Qué te parece? La primavera, ¿no? Desde ya. Es el momento máximo expansivo y creativo, ¿no? La explosión de la vida.
¿Y cuáles son las condiciones previas a esa explosión de la vida? El invierno. El invierno del bosque es un período de silencio -si venís a la Patagonia lo vas a sentir, pero de una manera contundente-, de vacío, de interrupción del movimiento, de reposo, de aislamiento. En el invierno los animales se refugian en sus madrigueras, los procesos de la vida parecen aplanarse, los colores se desvanecen y todo se vuelve más simple. Suele ser la estación más retadora para las especies. Es exigente, el invierno. Sin embargo, tal vez ese contacto tan cercano con los procesos de la muerte es lo que genera esa explosión sin precedentes de la vida que te mencionaba antes, y que tiene que ver con la primavera.
El solo es un invierno en el alma. Y la pregunta de inicio es la semilla que vas a poner en la tierra, como lo hacen los frutos en el otoño en la naturaleza. Fijate que estamos reproduciendo el mismo proceso. Una vez en tierra, esa semilla tiene que permanecer allí un tiempo, sin ser perturbada, para poder germinar. Por eso soltamos las expectativas.
La germinación dependerá además de la calidad de la tierra que rodea a esa semilla. En este caso será la calidad del proceso del solo que generes. Cuanto mejor sea la tierra, con mayores nutrientes, cuanto mejores sean las condiciones de tu solo, mejor será la germinación de esa semilla. Más potente será la respuesta, más clara, más precisa, más contundente. ¿Podés ver las similitudes?
¿Qué pasa cuando entramos a un año nuevo sin pasar por un invierno anterior? Lo mismo que sucedería en el bosque. Sin invierno difícilmente se produciría la germinación de los nuevos brotes. Las semillas que caen al suelo por la descomposición de las frutas en el otoño permanecerían allí, esperando las condiciones favorables para despertar. Entonces, en la primavera volveríamos a ver prácticamente el mismo bosque de la primavera anterior. Si no te permitís un invierno en el alma, tenderás a repetir la situación, las relaciones y los resultados. Es lo natural, básicamente.
La próxima senda
Por eso te propongo que lo pruebes y me cuentes cómo fue tu experiencia. De verdad, me encantaría leerte. Muchas gracias por acompañarme a lo largo de este episodio. Si te gustó, te invito a que lo compartas. Y si querés escribirme, con preguntas o contándome qué temas te gustaría que abordemos en el podcast, me encantará leerte. Te dejo mi dirección de correo en la descripción. Nos encontramos en la próxima senda. Te mando un gran abrazo.