Episodio 02 · Transcripción

Por qué sabés que tenés que cambiar y no te movés

33 min de escucha · 4.434 palabras
De qué hablo en este episodio

Sabés hace rato que necesitás un cambio importante. Incluso hiciste movimientos: tomaste decisiones que te costaron tiempo y dinero. Y sin embargo pasan los meses y seguís en el mismo lugar. Lo raro es que no te faltan ganas ni te falta información. Cada vez que estás por dar el paso definitivo, algo adentro tuyo se pone en el medio.

El mismo lugar de siempre

Sentís desde hace tiempo la necesidad y el deseo de hacer un cambio importante en tu vida laboral o incluso personal, pero te das cuenta que pasan los meses y estás en el mismo lugar. Creías que habías avanzado porque hiciste ciertos movimientos en la dirección de ese cambio. Quizás tomaste decisiones que te costaron tiempo y te costaron dinero, pero al final de cuentas fueron solo intentos fallidos aislados, sin continuidad ni resultados. Aunque sea duro de reconocer, te das cuenta que tu situación es similar a la de meses atrás, con las mismas rutinas que te atan al pasado y que poco tienen que ver con tu deseo hacia el futuro.

Si algo de esto resuena en vos, quisiera decirte que esto mismo le pasa a mucha gente y que, aunque parezca difícil lograr ese cambio, hacerlo es posible. Hoy espero poder aportarte algunas claves para que puedas lograrlo. ¿Me acompañás a recorrer la senda?

Hola, te doy la bienvenida a mi podcast de Reinvención Personal. Mi nombre es Walter Lema. Soy un ingeniero que fabricaba locomotoras hasta que un día, respondiendo a un llamado interior, decidí venirme a las montañas a concretar un sueño: el de transformar vidas a través de la aventura. Cada semana te compartiré registros de mi propia travesía para ayudarte a avanzar en tu propio camino de reinvención hacia la vida que soñás. Gracias por acompañarme a recorrer la senda en el día de hoy.

Primero que nada, quisiera que reflexionemos juntos qué sucede en el umbral de un cambio significativo en la vida. En este podcast hablamos de reinvención personal, que involucra aspectos del ámbito laboral, pero también del familiar, del personal y sobre todo del modelo de vida.

En el umbral de un cambio de estas características converge el entusiasmo que te despierta una idea, o un proyecto, o esa visión que tenés que te gustaría para el futuro, con las resistencias naturales e inconscientes a dejar la vida que conocés. Estar ante el umbral de un cambio significativo, para muchos, suele ser paralizante.

Imaginate si a una persona con vértigo de repente la pusieras en el borde de una pared vertical de 500 metros de roca en la montaña y le pidieras que mire hacia abajo. Seguramente el contacto con el abismo la haría entrar en pánico, que es un miedo tan poderoso que te inmoviliza por completo. Bueno, así puede vivirse la reinvención personal o profesional muchas veces. Lo peor de todo es que quizás ni siquiera te das cuenta que estás en ese estado de pánico, porque te mirás y ves que estás haciendo cosas, que estás haciendo averiguaciones, que te metiste en algún curso o hiciste una terapia, pero en definitiva nada de todo esto termina validando resultados. Y te das cuenta de que estás en el mismo lugar, que a pesar de todo lo anterior seguís en el mismo punto.

El analgésico del falso avance

Recuerdo una persona que me comentaba que se había comprado un terreno en la ciudad en la que quería vivir, y me lo contaba súper entusiasmado, pero lo cierto era que pasaban los años, mantenía la misma vida de siempre, no había cambios. El terreno le hacía creer que estaba avanzando. Actuaba como una especie de analgésico para ese dolor que le generaba el verse todos los días en la misma rutina: lo ayudaba a calmar la ansiedad, a atenuar la culpa de no atreverse a dar el paso. Pero tener un lote y desarrollar un proyecto de vida son dos cosas muy diferentes.

Lo he visto muchas veces: gente que tiene dinero y que tiene tiempo para invertir en la vida soñada, pero esto termina siendo un pobre sustituto de la voluntad y la determinación que se necesita para lograr concretar resultados.

Volviendo a la idea del pánico: si tenés un sueño, el tiempo va pasando y te das cuenta que, a pesar de los intentos, tu vida sigue igual, es una buena estrategia, una buena idea, reconocer que algo dentro tuyo te tiene paralizado. Porque si te animás a confrontar la verdad, se te van a abrir nuevos caminos.

Reconocer, aceptar, avanzar

Entonces, mirá: cualquier proceso de cambio significativo requiere de tres pasos fundamentales.

El primero es reconocer que hay algo que hay que cambiar, o algo que querés cambiar. Y eso a veces no sucede de manera espontánea. Muchos, en los cuales me incluyo, necesitamos caer en crisis muy duras, de tipo personal, de salud, familiar, económica, para ver claramente qué es lo que necesitamos cambiar.

El segundo paso o etapa de este proceso será aceptar lo que reconociste en la etapa anterior. Ya viste lo que tenés que cambiar y lo que querés cambiar; ahora hay que aceptar ese cambio. Y esto tampoco sucede, a veces, de manera inmediata. Una señal de que vas bien en esta fase es cuando empezás a reconocerlo públicamente, le decís a la gente que te rodea que estás decidido o estás decidida a avanzar en determinado cambio. "A dejar este trabajo, que no es el trabajo que quiero, y estoy decidido a ir por el trabajo o por la forma de vida que a mí me va a hacer feliz", y lo empiezo a comentar. La aceptación es un proceso.

Y habiendo reconocido y aceptado el cambio, aparecen recién los caminos y la voluntad que vas a requerir para lograr esos resultados.

Los mecanismos invisibles

Vamos con un tema súper importante ahora. Te propongo poner la lupa sobre los mecanismos que podrían mantener tu vida en standby. Esos mecanismos que te frizan, que te congelan en la situación actual.

Lo más llamativo de estos mecanismos es que su poder radica en su invisibilidad: como no los ves, no los podés desactivar. Otra característica distintiva es que generan distracción, te cambian el foco de tu atención. Y por último, que pueden hacerte creer en la idea de que estás avanzando cuando en realidad no es así. Son mecanismos automáticos que están alojados en tu mente subconsciente, y por eso son invisibles.

Una mente programada para sobrevivir

Hay un principio básico y relevante en el funcionamiento de la mente que está bueno resaltar. Este principio dice que tu mente está programada para la supervivencia y no para la felicidad. Es una programación biológica que está inscripta en el hombre y también está en el mundo animal.

Cuando estás ante el umbral de un cambio importante, o ante el abismo, como hablábamos en la metáfora de la montaña, la mente va a interpretar peligro y por eso va a intentar hacerte retroceder. De mínima, no te va a dejar avanzar.

El catálogo de excusas

Te va a detener con pensamientos, por ejemplo, del tipo: "Bueno, no es el momento, no están dadas las condiciones". "No puedo, no puedo. Vos sabés que no puedo". "No debo, no debo, tengo muchas responsabilidades". "No sabría ni cómo empezar". "Me falta tiempo, me falta dinero, no tengo experiencia, conocimiento". "No tengo garantías de los resultados, no sé cómo me va a ir". "No puedo dejar lo que me da de comer, tengo una familia detrás". "En este momento, en este país, con este presidente, con esta gente, lo mejor es esperar". "Es que estoy justo haciendo un curso, una maestría". "Estoy justo con una inversión importante, ahora que estoy por vender una propiedad, o comprarme un departamento, o cambiar el auto, y bueno, tengo que esperar a terminar esto primero". Y ya en el extremo de la negación hace su aparición la frase estelar: "En realidad no estoy tan mal, estoy bien".

Todas estas frases tienen que ver con pensamientos, y muchas veces con creencias, que tienen un único objetivo, y ese objetivo es detener tu avance. Hasta acá podrían ser excusas desde lo consciente. Son excusas que he escuchado una y otra vez acompañando procesos. Esto es lo que se puede decir y lo que se puede aceptar.

Pero si nos metemos en una capa de mayor profundidad, aparecen pensamientos distintos, vinculados con los anteriores, pero que son los que le dan la base. "No merezco ser feliz". "No soy capaz". "Van a pensar mal de mí". "Me van a rechazar, no me van a aceptar". "Nadie me va a acompañar, me voy a quedar solo". "Me va a ir mal, muy mal, voy a perder todo". "Nadie me va a querer". Las justificaciones a menudo esconden en su raíz miedos más profundos, como el miedo al fracaso, el miedo a lo desconocido, o incluso el miedo al éxito.

La resistencia del cuerpo

El cuerpo también hace su aporte a la resistencia, con síntomas como la falta de energía, la ansiedad, incluso malestares, traumas físicos inesperados. De repente aparece una intervención quirúrgica que tenés que hacer, un tratamiento de tal cosa, un esguince de tobillo, justo cuando pensabas viajar para hacer un relevamiento del lugar donde querías vivir. Y bueno: "No, no puedo ir, mirá cómo estoy".

Ese "cómo estoy" puede tener que ver también con que te aparecieron dolores en la espalda. Y si lo pensás, bueno, estás cargando en tus hombros una mochila de piedras, que son las rutinas, y el trabajo, y montones de cosas y de gente que ya no querés que forme parte de tu vida, y ahí están. Y cada día se hace más pesada esa mochila.

También podrías empezar a tener problemas digestivos de alimentarte todos los días de la misma realidad. Como hablábamos antes, de situaciones, de relaciones, de circunstancias que no querés para tu vida. Y bueno, si se te hace difícil digerir esa realidad, no sería extraño que aparezcan este tipo de problemas.

El tema es que si te sentís mal físicamente viene bárbaro para la resistencia, porque no te dan ganas de hacer esfuerzos y entonces esperás. No vas a querer hacer nada que te ponga en alguna situación incómoda o de estrés.

El síndrome del impostor

Otro mecanismo de resistencia es el famoso síndrome del impostor. Se te vienen estos pensamientos que te hacen dudar de tu capacidad para enfrentar lo que la vida te propone o lo que vos decidís hacer. "¿Y cómo voy a poner un restaurante italiano?", suponiendo que tu pasión esté por ahí. "¿O ponerme a componer música, o pasar a trabajar como independiente en el campo de la consultoría, si nunca hice nada de todo esto? Es una locura". Te creés un impostor, un vendehumo. Pensás que estás vendiendo algo que en realidad no tenés para dar. Y esto es simplemente un mecanismo de resistencia.

Los mecanismos de resistencia no son el problema. Fueron programados para protegerte, y seguramente, si se instalaron en vos, es porque en algún momento de la vida te fueron útiles. Te ayudaron a atravesar alguna situación difícil que te tocó vivir. El tema ahora es simplemente mirarlos de frente, agradecerles los servicios prestados y despedirte, porque ya no los necesitás.

La puja de fuerzas

Veamos ahora cómo se supera este umbral, cómo se sale de la parálisis y de esta eterna procrastinación. En este punto, como buen ingeniero, debo decirte que esto se suele resolver de manera matemática, o física, mejor dicho.

Si estás parado en el umbral del cambio sin poder avanzar de manera consciente, es porque hay dentro tuyo una puja entre dos fuerzas opuestas en dirección pero de igual magnitud, y esas fuerzas se anulan entre sí. Una fuerza es la fuerza del cambio, y la otra es la de la resistencia al cambio, de la cual ya te hablé bastante hace unos minutos.

Si la primera, la fuerza del cambio, es mayor que la fuerza de la resistencia, entonces estás en el camino de conseguir tu sueño. Esto sería lo ideal, lo esperable, y ahora en unos minutos te voy a decir cómo podrías generar este efecto.

Si la segunda es mayor que la primera, vas a estar cada día más atrás o más lejos de conseguir tus sueños. Esto puede suceder fácilmente por el simple paso del tiempo, porque no es lo mismo lanzarte a un proyecto de cambio importante, significativo, a los 40 que a los 60 o a los 80. Puede suceder también cuando dejás pasar oportunidades que no se van a repetir y que podrían impulsarte varios casilleros para adelante. Por ejemplo, recibiste una suma inesperada de dinero, pero te fuiste de vacaciones o cambiaste el auto en lugar de guardarla para tu proyecto. En este caso la fuerza de la resistencia al cambio termina siendo mayor a la fuerza del cambio, y eso te lleva más para atrás. Imaginate si termina en deudas.

Y finalmente, si las fuerzas opuestas tienen igual magnitud, no te vas a mover de donde estás.

El miedo a la pérdida y el miedo al ataque

Otra forma interesante de pensar esta puja de fuerzas es pensarla como las fuerzas del miedo versus las fuerzas del amor. Las fuerzas del miedo son las que activan precisamente los mecanismos de defensa de los que hablamos anteriormente.

Existen dos miedos básicos ante el umbral de un cambio: el miedo a la pérdida y el miedo al ataque.

El miedo a la pérdida se relaciona con esta idea de que podés perder todo aquello que te aportaba seguridad y un sentido de identidad. Voy a mencionar acá que la realidad en la que vivís hoy tiene una vinculación directa con tu identidad actual. Lo que digo implícitamente es que hasta que no cambia tu identidad no vas a poder cambiar tu realidad. Suena fuerte, pero la verdad, yo creo que es así. No tenés una vida diferente en los términos que te gustaría tenerla porque aún no te has convertido en la persona que esté alineada con esa realidad. De este punto particularmente voy a hablar en un episodio más adelante, porque es un tema en sí mismo.

El miedo al ataque se vive como ese miedo relacionado con todo lo nuevo, que se presenta como amenazante porque pone en cuestión lo que sos, lo que hacés y lo que tenés en este momento. Si vivieras en otra ciudad, suponete, o tuvieras otro trabajo, te vincularías con personas diferentes a las que te relacionás en la actualidad. Te verías en la necesidad de ser alguien diferente, y esto es lo que da miedo. Básicamente, todo lo que ponga en riesgo el mundo que conocés va a ser vivido como una amenaza y tiene enganchado un miedo visceral. Como dice la frase: es mejor malo conocido que bueno por conocer.

Las fuerzas del amor

Vamos a hablar ahora de las fuerzas del amor, que son aquellas responsables de llevarte hacia adelante. Acá podemos encontrar el amor a tus sueños, a lo que te apasiona hacer, a tus convicciones y valores más auténticos y genuinos. Para muchos puede ser una fuerza motora para el cambio el amor a Dios desde la religión.

Por otra parte, en este conjunto de fuerzas también estaría el amor hacia vos mismo, que queda representado perfectamente a través de la definición de tu propósito de vida, si es que lo tenés. Es ese amor el que te lleva a superarte, a desear convertirte en tu mejor versión; es el que te da la fuerza para superar los obstáculos, y es el mismo amor que te permitirá sentir gratitud, no por lo que tenés, sino por cada avance que vas dando en dirección a ese nuevo ser, por cada logro conquistado, ya sea en tu carácter, en tus actitudes o en tus comportamientos. Los frutos del amor a uno mismo son la autoestima, la paz interior, la autorrealización, la felicidad.

Pero también puede impulsarte hacia el cambio el amor a los demás, desde una misión o una tarea trascendente. Acá hablamos de que te motiva la ayuda a otros, el generar influencias positivas y agregarle valor a la vida de esas personas desde los diferentes roles que podés desempeñar todos los días: como padre, madre, hermano, hermana, amigo, comerciante. Cuando el amor a uno mismo no llega a tener la fuerza suficiente para iniciar el cambio, ayuda, de manera transitoria, darle un motivo al cambio pensando en que lo hacés por tus hijos o por alguna persona significativa de tu vida.

La fórmula

Ahora bien, ¿querés que te revele la fórmula mágica para lograr cambios extraordinarios? ¡Wow! ¿Qué propuesta te estoy haciendo? Te la digo, es bien sencilla. Ahora, si Aristóteles o cualquiera de los grandes filósofos de la historia pudiera escuchar lo que te voy a decir, se retorcería de dolor en la tumba, eso es lo más seguro. Es que voy a hacer una flor de simplificación, pero bueno, vos decime después qué pensás.

Si decimos que la parálisis se genera porque la fuerza que tira para adelante es igual a la fuerza que tira para atrás, lo que tenemos que hacer es fortalecer la primera y debilitar la segunda. ¡Listo! Más fuerzas del cambio y del amor, menos fuerzas de la resistencia y del miedo. ¿Qué te parece? Bueno, tan mal no está la simplificación.

Los nombres de la resistencia

¿Cómo debilitar la resistencia y el miedo al cambio? Vamos por ahí. Lo primero es desenmascarar el mecanismo. Si le podés poner un nombre a esa resistencia, mejor.

Por ejemplo, la negación, que es cuando te escuchás decirle a los demás que estás bien cuando en el fondo sabés que no es así. Es cuando te conformás con lo que te toca, con una vida más o menos parecida a la de todo el mundo, mediocre, sin sobresalir. Es cuando te escuchás defender esa malversación de la idea de que todo tiene que fluir para que salga bien. Digo malversación de la idea porque tiene parte de verdad y parte de mentira. Para que las cosas salgan bien no tenés que simplemente esperar a que las cosas fluyan. A veces hay que iniciar; hay que encender la llama para que el fuego después empiece a calentar. No es una cuestión simplemente de esperar. Esto es lo que quiero decir con la malversación de la idea. Hay que tomar acción, y en esto que estamos hablando es fundamental.

También tu resistencia podría tener que ver con la justificación, que es cuando para todo le encontrás una excusa perfecta que defiende tus acciones o tu falta de acción.

Otro mecanismo podría ser el del perfeccionismo, que es cuando te enroscás en que todo tiene que ser perfecto: el momento justo, la circunstancia ideal, tiene que ser con la persona que vos querés. Y mientras buscás esa perfección, que es imposible de alcanzar, seguís donde estás.

También otro mecanismo podría ser el de la queja o el de la culpa, que es cuando te la pasás buscando culpables en tu pasado, en tu presente, en las personas que te rodean, en tu situación económica, en vos mismo o en vos misma. Quejarte o echar culpas es un ejercicio de distracción que en definitiva te impide avanzar.

Estos son solo algunos ejemplos, hay muchos más. Lo importante es que identifiques cuáles son tus mecanismos. Y una vez que lo hayas hecho, que los aceptes, como te dije antes, les agradezcas los servicios prestados hasta acá, porque si están es porque en un momento te sirvieron, y te despidas. Obviamente es una simplificación, ¿no? Pero esa sería como la hoja de ruta del proceso a seguir.

Las dos cuentas

Otra forma muy poderosa de debilitar la resistencia es hacer bien esta cuenta. Sí, ya sé: otra vez el ingeniero, sus matemáticas. Pero te das cuenta que todo lo que uno vive a lo largo de su vida tiene una utilidad. Bueno, perdón, pero a mí me sale así.

¿Qué cuenta? Mirá, la cuenta del costo de no cambiar.

La cuenta del costo del cambio es fácil, y seguro que la tenés ahí clarísima. Precisamente esta cuenta es la que te impide avanzar, y tiene que ver con el esfuerzo que implica ir por tus sueños cuando no tenés todas las garantías de que te vaya a salir bien; con el compromiso de tomar acción y sostenerlo en el tiempo, eso tiene un costo; con el costo vinculado al impacto que va a generar en tu entorno este proyecto, este sueño que tenés, en tu pareja, en tus hijos, en tus padres, en tus amigos. Ahí aparece el costo de alejarte de ciertas personas, algunas podrían ser muy queridas para vos. También está el costo de dejar tu trabajo actual, con el impacto que podría tener en tu economía. En este costo del cambio también entra el costo de dejar rutinas que te son cómodas y automáticas, aunque al día de hoy te hagan mal. Por ejemplo, la del control remoto, la de un trabajo fijo que tiene un determinado horario, la de perder tiempo en las redes, la de comer lo que te gusta cuando no te hace bien. En fin, esta cuenta, como te decía, es fácil y la ves rápidamente: está el costo del cambio.

Si no contrarrestás este costo, jamás vas a cambiar, porque esta cuenta puede ser enorme. Y la forma de contrarrestarlo es calculando detalladamente el costo de no cambiar. Esta cuenta casi nadie la hace, y la razón es muy simple: es muy incómoda y es dolorosa, además. Por eso no te va a gustar mucho lo que te voy a decir. Espero que no me odies demasiado, pero creeme que si hacés esta cuenta vas a sentir un empuje importante hacia adelante.

¿Cuál es el costo de no cambiar? Cada día que pasa es un día que perdés, porque tu vida es limitada. Si fueras inmortal no habría problema, pero a menos que tengas algún superpoder de los Avengers que yo no conozco, tus días, como los míos, están contados. Y un día que no avanzaste en tu proyecto es un día que no vas a recuperar nunca más.

Cada día que pasa tu energía disminuye. Esta es otra variable que entra en ese costo de no cambiar. Es la ley de la vida: cuando tenés 20 sentís que te comés al mundo, pero cuando tenés 50 o 60 el cuerpo te empieza a poner algunos límites. Algunos se pueden doblegar con el trabajo en el gimnasio, la buena alimentación y los hábitos saludables, pero la tendencia es a la baja. Y sin el cuerpo no hay obra, porque todo tu hacer depende de tu cuerpo.

Otro costo importante es el emocional. Mantener una rutina emocional, con las mismas emociones, sentimientos y estados anímicos conectados con este presente que no querés, te hace mal. Para peor, las emociones son adictivas, y como pasa con cualquier adicción, cada vez necesitás más de esa droga. Más frustración, vas a necesitar sentirte más agobiado o más agobiada, más ansiedad, más angustia. Vos completá la lista, con los puntos suspensivos, con lo que te parezca que se ajuste mejor a tu situación. Ahora, ¿cómo creés que vas a incrementar la dosis? Haciendo todo lo que esté a tu alcance para que te vaya cada vez peor: en tu trabajo, en tus relaciones de pareja, familiares. Es como un círculo vicioso.

Otro costo importante es el de tu salud, que tenés que tener en cuenta. Si tu estado emocional se intensifica con esas emociones que enumeramos recién, ¿cuál creés que será el efecto en tu cuerpo? ¿Te va a hacer bien o te va a hacer mal? Hoy quizás gozás de buena salud, pero ¿quién puede asegurar que esa salud se va a mantener en el tiempo? Y más si estás con este cóctel emocional que hablábamos recién. ¿Qué pasaría si terminás enfermándote de algo que condicione, ahora sí, la concreción de tu proyecto? Esto es algo que tenés que pensar y que entra dentro de esta ecuación.

Otro costo importante de no cambiar es el costo familiar. Desde estos estados emocionales, ¿cómo creés que te vas a relacionar con las personas más importantes de tu vida? ¿Creés que van a recibir tu mejor o tu peor versión si todo sigue igual y además se intensifica? Este punto lo hablamos mucho con personas que acompaño. Hay personas que no quieren cambiar porque dicen que quieren proteger a sus familias, a sus hijos, que no les quieren generar problemas. Pero lo cierto es que terminan haciendo lo contrario.

¿Qué imagen o enseñanza querés transmitirle a tus hijos? ¿La de un luchador que está dispuesto a pelear por sus sueños, o la de un fracasado que se conforma con lo que le toca? ¿Qué es más importante? ¿Que aprendan que vale la pena pelear por los sueños, aunque haya que pagar un costo por eso, y probablemente ese costo implique que en algún momento transitorio no tengas, a lo mejor, todos los recursos económicos que te gustaría tener? ¿Qué es mejor, que aprendan esa lección, o que se vayan de vacaciones a Disney todos los veranos, o que se puedan comprar el último iPhone? Porque hay mucha gente que piensa que lo importante es tener recursos económicos y poder bancar los gastos de los hijos, y muchos de esos gastos tienen que ver con estas cosas. Y por eso no dejan su trabajo, porque si no, "yo no lo saco a mi hijo de vacaciones a tal lado, ¿qué pasa si no puede ir?".

Sí, puede ser que a lo mejor en algún momento de la transición inicial tengas que hacer algunos sacrificios, pero eso no implica que no puedas mantener tu estatus de vida, e incluso incrementarlo. De hecho, si tus emociones se modifican porque empezás a vivir la vida de tus sueños, tu salud obviamente va a ir de la mano, y vas a estar haciendo lo mejor que podés hacer, poniendo tu mejor talento al servicio de esa gente que lo necesita. Hablando de ecuaciones, la ecuación seguramente va a dar un saldo positivo, ¿no? Es muy probable que te vaya mejor económicamente de lo que estás ahora.

No es mi intención darte el bajón con esta ecuación del costo de no cambiar, tampoco estoy diciendo que todo esto te va a suceder, aunque probablemente mucho sí, en caso de que no actúes. Pero lo que busco es que sepas cómo programar tu mente para el cambio, y cargarla con esta información te va a ayudar a ir en esa dirección.

Hasta la próxima senda

Con esto vas a poder debilitar la resistencia y el miedo al cambio. Para terminar, necesitás reforzar las fuerzas del amor. Para ello, una técnica muy poderosa es la visualización, pero de esta técnica te voy a hablar en un próximo episodio.

Hoy vamos hasta acá. Espero que te haya servido. Muchas gracias por acompañarme a lo largo de este episodio. Si te gustó, te invito a que lo compartas, y si querés escribirme con preguntas o contándome qué temas te gustaría que abordemos en un próximo episodio, me encantará leerte. Te dejo mi dirección de correo en la descripción.

Nos encontramos en la próxima senda. Te mando un gran abrazo.

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