Tenía todo lo que soñaba y no quería levantarme
A los treinta y pico tenía lo que había soñado: mi propia empresa, un departamento con vista al río, el barco, los viajes. Y había mañanas en las que no me quería levantar. Cuando se lo contaba a mis amigos no lo podían entender, porque yo tenía exactamente lo que ellos querían. En ese momento yo pensaba que algo andaba mal en mí.
La sensación de estar viviendo la vida de alguien más
¿Te pasa de sentir, por momentos, que lo que hacés todos los días no tiene sentido? ¿Que levantarte cada mañana e ir a trabajar por el dinero que te permite pagar tus gastos y darte tus gustos no alcanza para que seas feliz?
Y sin embargo es probable que hayas logrado cosas importantes hasta acá. Cierto nivel de bienestar material, y tal vez de reconocimiento social o profesional. Pero te das cuenta de que nada de esto te completa.
Quizás tengas la sensación de estar viviendo la vida de alguien más. De un personaje que se parece bastante a vos, pero que en realidad es una versión pobre de lo que sos, o de lo que podrías ser.
Vivir así angustia, y quizás desconcierta. Porque se supone que hiciste todo lo que tenías que hacer, todo lo que los otros esperaban. Pero el resultado final está lejos del que buscabas.
Y acá lo que quiero decirte es que, si te pasa algo de esto, es una buena señal. Porque significa que algo importante en tu vida está por suceder. Creo que te encontrás ante un umbral como el que yo tuve hace tiempo atrás. Un umbral hacia un cambio que podría ser trascendente y llevarte a una vida extraordinaria.
De esto quisiera que conversemos en el día de hoy. ¿Qué te parece? ¿Me acompañás a recorrer la senda?
Por qué me animé al podcast
Hola, te doy la bienvenida a mi canal de Reinvención Personal. Mi nombre es Walter Lema. Soy un ingeniero que fabricaba locomotoras, hasta que un día, respondiendo a un llamado interior, decidí irme a las montañas a concretar un sueño: el de transformar vidas a través de la aventura. Cada semana te voy a compartir registros de mi propia travesía, para ayudarte a avanzar en tu camino de reinvención hacia la vida que soñás.
Gracias por acompañarme a recorrer la senda en el día de hoy. Te doy la bienvenida a este capítulo de presentación de mi canal de podcast.
Hacía mucho tiempo que pensaba en la posibilidad de estar más cerca tuyo. Los contenidos en las redes, o los que te envío por email, difícilmente puedan recrear una experiencia cercana como tal vez lo pueda hacer este medio. Y sí, al fin me animé.
El podcast es una nueva aventura para mí. Me pone muy feliz y me genera también cierta ansiedad. Y lo más importante, que es donde pongo mi expectativa, es que a vos te resulte de valor. Ojalá así sea.
Para quién no es la reinvención
Bien, entonces: ¿por qué reinventar tu vida? Así voy a llamar a este primer capítulo.
Hay personas que, al escuchar la pregunta, me podrían decir con toda razón: yo no quiero ni necesito reinventarme. Y está bien. La reinvención personal o profesional no es para todo el mundo.
Si no aspirás a nada diferente de lo que ya tenés, o de lo que ya sos; si ves que tus mayores talentos ya se están expresando en plenitud, en tu trabajo y en tu vida personal y familiar; o si lo que hacés es lo que más te apasiona hacer, y es lo que te inspira y te motiva a darlo todo cada día que te levantás, y por lo cual la gente a la que ayudás te reconoce y te valora, quizás no haya necesidad de iniciar ninguna reinvención.
Sin embargo, si decidiste dedicarme estos minutos, es muy probable que este no sea tu caso.
Quizás tenés aspiraciones y sueños que aún no concretaste. Quizás percibís que hay una versión tuya, con talentos y capacidades, que todavía no se manifestó. O tal vez sentís que aún no conectaste profundamente con un propósito de vida que te sacuda tan fuerte como para ser capaz de tu máximo esfuerzo con tal de responderle.
Cuando cambiar deja de ser una opción
Así que voy a ir directamente al grano.
Para ciertas personas, la reinvención personal no es algo lindo que podría suceder, algo que se piensa para el final de la vida, entrando en el retiro. Es una necesidad, casi te diría de supervivencia, en el puro presente.
Cuando se despejan las distracciones -la rutina, el consumo de cosas, los viajes, las vacaciones- y aparece con total honestidad esa sensación de vacío que, según lo que hagas, se vuelve más intolerable desde la profundidad del alma, nos damos cuenta de que cambiar no es una opción más de una lista: es la única opción.
Así me sentía yo antes de reinventarme 180 grados.
Lo que tenía, y por qué no alcanzaba
Vivía en Buenos Aires, mi ciudad natal. Promediando los treinta años, más o menos, había conseguido prácticamente mis máximas aspiraciones, siguiendo esa receta universal que me inculcaron desde que tengo memoria: primero el estudio, la carrera universitaria; después el esfuerzo y la responsabilidad en el trabajo; y todo lo demás vendría por añadidura.
Me había recibido de ingeniero. En una meteórica carrera profesional llegué a tener mi propia empresa a temprana edad, apoyándome en una licencia que tenía de General Motors de Estados Unidos. De repente me encontraba fabricando, reparando y dando servicio a locomotoras que valían millones de dólares, en talleres propios, con cientos de personas trabajando en mi empresa.
El éxito profesional venía acompañado de ciertos amenities: un departamento con vista al río en uno de los mejores barrios de Buenos Aires, mi camioneta 4x4, un crucero de cuarenta pies que usaba para pasear los fines de semana, viajes por el mundo. Etcétera, etcétera, etcétera.
Y sin embargo, a pesar de tener ese presente pujante profesionalmente y todo ese bienestar material, la sensación de vacío interior y sinsentido se volvía por momentos absolutamente intolerable.
La verdad es que estaba muy confundido en ese tiempo. No podía comprender qué me estaba pasando, porque tenía lo que había soñado y me sentía como te acabo de describir. Había días en que no tenía ganas de levantarme. Días en que me acostaba a cualquier hora de la noche porque quería prolongar la noche para no enfrentar el día, y me quedaba viendo televisión o perdiendo el tiempo, básicamente.
En esa época yo pensaba que algo no estaba bien en mí. De hecho, en conversaciones íntimas con amigos, donde les contaba lo que me pasaba, no lo podían entender: porque todo lo que yo tenía en ese momento era la envidia de muchos de mis amigos y de mi entorno.
Fue un tiempo en el cual, después de mucha resistencia, empecé a dedicarle horas y horas a la terapia. Fueron tiempos de crisis, no solamente personales sino familiares, de pareja.
La certeza que apareció
Después de todo ese trabajo -o quizás no después, sino mientras ya estaba metido en mi trabajo terapéutico- apareció una certeza. Quizás la única certeza que tenía hasta ese entonces: la certeza de que mi vida estaba en las montañas.
Había conocido la Patagonia en unas vacaciones y desde ese momento me enamoré del lugar. Las montañas me llamaban constantemente, pero no como una invitación a repetir esas vacaciones. El llamado tenía que ver con algo más, con algo diferente, algo más interno.
Recuerdo una de esas vacaciones en la cual me tocó vivir una experiencia especial, mística te diría, de la cual surgió precisamente esa certeza: la de que esas montañas y mi futuro estaban profundamente entrelazados, como si yo perteneciera a ese lugar. Algún día te voy a contar los detalles de esa experiencia. La verdad es que todavía la sigo procesando; fue un momento totalmente disruptivo, porque nunca me había pasado nada igual.
Entonces imaginate: una empresa que facturaba millones -una locomotora valía tres millones y medio de dólares, para que te des una idea, y teníamos contratos importantes con ferrocarriles en Argentina; en el primer contrato vendimos veinte locomotoras-. Toda una vida en la gran ciudad, en el mundo de los negocios. Ahí estaban mis amigos, mi familia y lo que parecía mi futuro. Ese futuro asegurado estaba ahí, en el lugar en el que estaba viviendo.
Y por el otro lado, crisis total, existencial, y la sensación de que si no hacía un cambio me moría, literal.
Guía en la montaña
El mensaje de mi voz interior era cada vez más claro: tenía que dejar todo e irme a vivir a las montañas. La idea me encendía de una manera indescriptible. El entusiasmo era abrumador al imaginarme viviendo en las montañas, viviendo la vida de mis sueños. Pero también estaba el miedo por el riesgo que implicaba tomar semejante decisión.
Gran parte de mi entorno no comprendía, ni siquiera aceptaba, lo que yo iba a hacer. Visto desde afuera parecía una locura total. Pero para mí la locura era seguir como estaba.
Recuerdo que en una de las sesiones con mi terapeuta, Claudio, me pregunta: «¿Pero vos qué te imaginás haciendo allá en el sur? Guía de montaña, por ejemplo, ¿es lo que te gusta?».
Mi respuesta espontánea fue: «Guía sí, pero no sé si de montaña. Me gustaría ser guía en la montaña».
Algo raro. En ese momento no lo terminaba de comprender. Años después quedó clarísima esa imagen. En ese instante fue simplemente un emergente, algo que salió de adentro mío, no sé muy bien desde qué lugar. Me quedó esa idea ahí y después la perdí en el camino.
Me parece mágico esto que a veces nos surge desde el alma y que se expresa en una palabra o un pensamiento fresco, disruptivo, casi revolucionario, y que tiene la fuerza de una premonición de lo que podría suceder. En mi caso, de lo que sucedió realmente.
Lo que hacemos cuando aparece el sueño
En general, cuando aparecen estos pensamientos, estas ideas, estas visiones, los tapamos rápido. Porque si les damos lugar nos ponen en una situación incómoda.
No sé si te pasó alguna vez. Estás en una charla íntima con un amigo, con una amiga, con tu pareja, y compartís un deseo, una ilusión, un sueño que parece una locura. ¿Te pasó? De ser así, quizás lo pensaste: «Qué lindo. Pero para mí no. No es el momento. ¿Cómo voy a hacer esto? No puedo dejar todo lo que tengo. ¿Qué van a pensar de mí? ¿Que estoy re loco?».
Bien: como llegaste hasta acá, hasta la escucha de este podcast, te lo voy a decir con todas las letras. Si realmente querés ser feliz, vas a necesitar volverte un poco loco, o un poco loca.
En mi experiencia, la felicidad no es para cobardes. Rara vez una persona que sigue la línea marcada por la sociedad, por la familia, por los mandatos y por lo que se supone que debería ser, puede alcanzar ese estado.
Creo que la locura es seguir viviendo como ahora y esperar un resultado diferente. Es una frase que anda por ahí dando vueltas, pero que tiene una gran verdad detrás. Nada distinto va a pasar si no hacés algo diferente, o si no te convertís fundamentalmente en una persona diferente.
El proceso de reinvención comienza el día que adoptás la supuesta locura como plataforma de despegue. Tené en cuenta que quien le da ese significado sos vos, y probablemente parte de tu entorno. Pero para muchos, entre los que yo me encuentro, que vayas por tus sueños es la muestra más contundente y categórica de salud mental que podrías manifestar.
Los arrepentimientos del final
Realmente creo que no hay otro camino que ir por tus sueños.
Uno de los estudios más difundidos en relación a los arrepentimientos de las personas en el último momento de su vida, en situaciones a veces terminales, muestra algo llamativo. Cuando se les preguntó cuáles son las cosas de las que más se arrepienten en el ocaso de sus vidas, los mayores arrepentimientos no están en las cosas que hicieron. Los mayores arrepentimientos están precisamente en todas esas cosas que querían hacer y no hicieron.
La lista podría incluir un montón de ejemplos: estar más tiempo con mi familia, llevar una vida más equilibrada, cuidar más mi salud, quererme más, animarme a hacer de mi pasión una profesión, dejar de trabajar para otros y lanzar mi propio emprendimiento basado en esa pasión. Hay muchas cosas en esa lista que la gente normalmente no se anima a hacer, y que forman parte precisamente de los arrepentimientos al final de la vida.
Por eso quisiera que pienses realmente qué pasaría si no vas por tus sueños, si seguís con este modelo de vida presente.
La lista de justificaciones
Quizás me puedas decir que esperás que con el tiempo la situación mejore. Que más adelante vas a hacer el cambio, porque ahora la verdad es que no es el momento. Que ahora es lo que te toca, y bueno, el futuro veremos. Que tenés muchas obligaciones, muchas responsabilidades. Que hay gente que depende de vos. La crisis económica. Que están tus hijos, tus padres, tus amigos. Que trabajaste duro para llegar donde estás y no lo podés dejar así porque sí. Que empezar de nuevo a esta altura es imposible, que ya estás grande. Que mejor seguir así para el día de mañana juntar lo necesario para poder jubilarte o retirarte y hacer lo que realmente te gusta hacer.
¿Te suena algo de todo esto?
Mirá: la lista de justificaciones que aplican para fundamentar la decisión de no ir por tus sueños es tan larga como tu capacidad de imaginación. Pero en general las conversaciones típicas del autoboicot van por ese lado.
Ahora, supongamos que al escucharte yo te diga: «Bueno, ¿sabés qué? Tenés razón. No vas a cambiar ahora, con todo esto que me contás».
¿Y entonces qué? ¿Vas a seguir haciendo lo que no te gusta, o viviendo donde no querés, o rodeado o rodeada de gente que no te entiende, con quienes no podés ser vos mismo? ¿Es esa tu decisión?
Una buena definición de vida miserable
Vivir una vida desconectada de lo que te apasiona. En una rutina que te agobia cada día más. Sin poder mostrarte al mundo de manera auténtica. En contradicción con valores que para vos son muy importantes. Siguiendo la corriente para sentirte parte de algo. Compartiendo tiempo con gente que habla de cosas que ya no te interesan. Esperando que algo milagroso pase afuera para sentirte mejor. Levantándote cada mañana sin ganas, sin motivación, sin entusiasmo, solo esperando que pase el tiempo para tener unos días de vacaciones.
Es una buena definición de una vida miserable. Es duro, pero es así, y alguien tiene que decírtelo.
Tenemos la vida que somos capaces de tolerar. Esa es la gran verdad. El problema es que la capacidad de tolerancia del ser humano es realmente sorprendente.
Cuando estamos al límite de la tolerancia, bueno, podemos tomar alguna pastilla, nos vamos al gimnasio, vamos a tomar clases de yoga para apaciguar el estrés. O si no, cambiamos de auto, cambiamos el celular, para sentir que algo cambia sin que en realidad cambie nada.
¿O no te pasa esto? Cambiaste el auto, cambiaste tu casa, cambiaste el celular, te fuiste de viaje a algún lugar que siempre quisiste conocer, y al poco tiempo todo vuelve otra vez: la misma sensación, la misma insatisfacción.
Entonces, ¿por qué va a estar tu vida definida por tu capacidad para tolerar, cuando podrías definirla desde tu capacidad para soñar, para imaginar, para crear, para amar?
Existe un mundo de oportunidades del otro lado de decisiones importantes que podrías tomar hoy mismo. Ese mundo se va a abrir ante vos cuando te conviertas en tu versión más auténtica: esa que sigue sus pasiones, que expresa sus mejores talentos, y en la cual los actos cotidianos reflejan claramente los propios valores y el propósito de vida.
La montaña como método
Sé que es fácil decirlo y que suena lindo escucharlo, pero llevarlo a la práctica es otro tema. No te voy a mentir: el proceso de reinvención personal o profesional es complejo.
Pero quiero que sepas que si estás dispuesto o dispuesta a decir «basta, hasta acá; a partir de ahora voy por la vida que merezco, por la vida que valga la pena, por la vida que estoy destinado a vivir», y necesitás ayuda, acá vas a encontrar a alguien que te entiende y que está dispuesto a acompañarte en cada paso del camino. Para eso creé este canal y publico contenido en mis redes, que de paso te invito a que conozcas. Te dejo los enlaces en la descripción de este podcast.
Yo estuve en tu lugar. Creeme que sé lo que se siente. Y también sé, desde mi propia experiencia y desde lo que veo en la gente que vengo acompañando hace muchos años en sus procesos de reinvención, que sos capaz de muchísimo más de lo que te imaginás. Yo logré transformar mi vida de una manera que jamás me hubiera imaginado.
Es como cuando subís una montaña y te fijás una meta, que es la que tenés a la vista: por lo general una cumbre a la cual querés llegar. Bueno, fijás esa meta, trazás un plan para llegar hasta ahí, y después avanzás. Y el secreto es mantener el paso a paso. Pasos cortos: así se camina la montaña. Pasos cortos pero constantes. Cada tanto un descanso. Y cada tanto mirar hacia atrás y ver el progreso, porque si siempre estás mirando hacia adelante, mirando la cumbre, eso te desgasta y te liquida emocionalmente.
Es muy importante mirar hacia atrás y disfrutar la vista que tenés por lo que lograste. Llegar a un nuevo nivel, a una cota de altura o a una cota en la vida, te permite tener una nueva perspectiva de la vida y de un montón de cosas que son importantes para vos. Y está bueno disfrutar esos momentos, y después seguir la marcha.
Y cuando llegues a esa cumbre que te habías fijado, del otro lado va a aparecer un nuevo paisaje. Te vas a sorprender con nuevas cumbres, con nuevas metas. Y lo interesante de todo esto, más allá de las cumbres, es el camino. Porque es el camino que vos estás eligiendo.
Hasta dónde podés ver hoy
A lo que voy con todo esto es que no es necesario -ni tampoco es posible- que hoy puedas ver todo lo que te espera por delante en tu camino de reinvención.
Hoy solamente podés ver hasta dónde llega tu decisión. Cuando seas capaz de tomar nuevas u otras decisiones, vas a poder ver más allá. Y son las decisiones, y las acciones detrás de las decisiones, lo que va a ir ampliando el horizonte y te va a ir aportando claridad en relación a cómo llevar a cabo tu proceso de reinvención y cómo ir construyendo la vida de tus sueños.
Mi misión es ayudar a gente como vos a concretar esa vida. Así que te propongo que sigamos caminando juntos la senda. ¿Qué te parece? ¿Te animás?
Bueno, acá voy a estar. Cada capítulo con recursos, ideas e inspiración, para ayudarte a conseguir la vida de tus sueños.
Muchas gracias por acompañarme a lo largo de este episodio. Si te gustó, te invito a que lo compartas. Y si querés escribirme, con preguntas o contándome qué temas te gustaría que abordemos en los próximos podcasts, me encantará leerte. Te dejo mi dirección de correo en la descripción.
Nos encontramos en la próxima senda.