Walter Lema
Walter Lema
Mentor de Reinvención Personal · San Martín de los Andes · 7 min de lectura

Durante casi diez años supe que había cosas importantes de mi vida que necesitaba cambiar. Había identificado lo que no encajaba conmigo y sabía hacia dónde quería ir. Lo que me faltaba era la determinación para hacerlo.

Así que seguí postergando.

Hasta que una crisis personal terminó obligándome a tomar muchas de las decisiones que había postergado durante años, y todas juntas. El costo emocional en este caso fue altísimo.

Y hoy, con mis 50s largos y muchos sueños por concretar hacia adelante, todavía sigo pagando esa cuenta, en esos 10 años de mi vida desperdiciados y que nunca voy a recuperar.

Por eso escribí este artículo. Quiero ayudarte a evitar mis errores; a reaccionar a tiempo para que puedas avanzar en tus propios objetivos, alcanzar los mayores beneficios de esa elección de vida, al menor costo posible.

El precio invisible de postergar

Tomar una decisión que te lleve a poner fin a una etapa importante de tu vida tiene consecuencias. La más directa es que duele. Es verdad. No hay forma de enmascarar una verdad incómoda como esta.

Pero lo primero que quisiera adelantarte es que ese es un dolor intenso, pero transitorio.

Hay una frase que me resonó mucho cuando la escuché hace años y que dice así:

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.

El dolor es agudo. Tiene un pico, dura un tiempo y después empieza a bajar. Y duele muchísimo: dejar una empresa que incluye parte de tu historia, soltar una profesión con la que te identificaste durante años o alejarte de gente que querés. Ese dolor es inevitable. Si vas a hacer un cambio significativo, en algún momento lo vas a tener que atravesar. No hay manera de evitarlo.

El sufrimiento funciona distinto. Es de baja intensidad y no se interrumpe nunca. No tiene pico ni curva de bajada: es parejo. Está el domingo a la noche, está en la reunión del martes, está en las vacaciones y está en la cena del sábado con amigos. No te tira al piso. Te acompaña de manera silenciosa y persistente.

intensidad tiempo EL DOLOR intenso, con pico, y después baja EL SUFRIMIENTO leve, parejo, y no se termina nunca el día de la decisión Para no atravesar el pico, la mayoría elige la línea.
Las dos formas de pagar el mismo cambio. Una termina; la otra, no.

Y acá está el punto que casi nadie ve: para no atravesar el dolor, la mayoría elige someterse al sufrimiento. No es una decisión que uno tome sentado, con papel y lápiz. Simplemente basta con hacerse el distraído y mirar para otro lado. El precio de esa distracción es que todo tu mundo emocional quede teñido por un estado de ánimo que puede contener una mezcla de insatisfacción, vacío, angustia o ansiedad crónica.

El problema es que después de un tiempo ya no lo registrás, porque se vuelve parte de tu personalidad. Es como esa radio que dejás prendida, que suena todo el día pero que no escuchás. Y mete ruido en todos lados: en tu trabajo, en tus relaciones, en tu percepción del mundo, en tu relación con vos mismo/a.

La física del umbral

Soy ingeniero, así que permitime pensar este tema como un problema de física. Es la forma más simple que encontré de explicarlo, y veo que funciona.

Cuando estás parado/a frente a un cambio importante y no avanzás, adentro tuyo hay dos fuerzas opuestas de igual magnitud que se anulan entre sí. Yo las llamo las fuerzas del futuro y las fuerzas del pasado. También podés llamarlas fuerzas del avance y fuerzas de la resistencia. Unas te empujan hacia adelante; las otras te tiran para atrás.

  • Si la fuerza del futuro es mayor, estás en camino, aunque todavía no se note.
  • Si la fuerza del pasado es la mayor, cada día que pasa estás un poco más lejos de eso que querés.
  • Y si las dos son iguales, no te movés de donde estás. Eso es la parálisis o estancamiento en el umbral.
EL UMBRAL LO QUE YA VIVISTE LO QUE TODAVÍA NO FUERZAS DEL PASADO se apalancan en el miedo FUERZAS DEL FUTURO se apalancan en el entusiasmo fracasos · errores · creencias «vos no sos capaz» lo viviste: se puede probar deseos · sueños · la vida que todavía no viviste solo existe en tu imaginación Si las dos pesan lo mismo, no te movés.
La flecha de la izquierda arranca siempre con ventaja, y el motivo es el que sigue.

Fijate en algo, porque cambia la forma en que te mirás. La parálisis en el umbral del cambio se ve como una falsa comodidad o serenidad, y una ausencia de conflicto. Los de afuera te ven conforme con tu vida, y hasta vos te lo creés. Sin embargo, adentro tuyo está pasando exactamente todo lo contrario. Hay dos fuerzas grandes empujando en direcciones opuestas todo el día, todos los días, generando una tensión constante. Por eso llegás a la noche agotado/a y sin haber hecho nada que lo justifique.

Por qué las fuerzas del pasado suelen ganar la pulseada

Acá te cuento algo importantísimo. ¡Prestá atención!

El pasado lo viviste. Lo podés ver, tocar y nombrar con detalle: los intentos que salieron mal, los errores que cometiste, las creencias que fuiste armando sobre lo que podés y lo que no. En el pasado puede estar el recuerdo de mensajes de personas significativas en tu vida, que alguna vez te dieron a entender que no eras capaz, que no valías lo suficiente o que no merecías tanto. Todo eso está a flor de piel.

El futuro no existe todavía. No lo podés palpar. Solo existe en tu imaginación. Es un conjunto de ideas, expectativas y deseos que habitan en tu mente, sin ningún fundamento en la experiencia.

Entonces, ¿cuál de las fuerzas creés que va a ganar la batalla?

Por eso, si estás estancado/a y yendo para atrás, no te preocupes, que es lo más normal del mundo. No dice nada malo de vos. Solo hace evidente un hecho de la física: la fuerza de tu pasado es mayor o igual a la de tu futuro. Punto.

Tu vida empezará a cambiar el día en que el poder de tu imaginación venza al poder de tu memoria.

Ahí está la clave. Tenés dos tareas por delante para lograrlo.

Tarea 1: debilitar la fuerza de tu pasado

La emoción sobre la que se apalanca esta fuerza es el miedo. Y el miedo nunca aparece sin motivo: lo dispara un pensamiento del tipo «algo malo me está por suceder». Cualquier pensamiento que te lleve a esa conclusión te va a encender el miedo, y ese miedo te va a hacer retroceder.

Con el miedo no se pelea de frente. Sería como discutir con el humo en vez de apagar el fuego. Hay que ir al pensamiento que le dio origen, sacarlo a la superficie, pedirle pruebas y someterlo a juicio, uno por uno, hasta ver con tus propios ojos cuánto de eso que te frena tiene algún fundamento real y cuánto es una película que te contás.

Y hay una segunda herramienta, la más potente que conozco para debilitar la resistencia: hacer correctamente tu contabilidad existencial. La cuenta del costo de cambiar la tenés clarísima, porque es la que te frena todos los días: el esfuerzo, el riesgo, la plata, la gente de la que te vas a alejar. La que casi nadie hace es la otra, la del costo de no cambiar. Es incómoda; por eso la evitamos.

Cómo se hacen las dos cosas, paso a paso, te lo dejé en la guía de trabajo. Pedila acá.

Tarea 2: incrementar la fuerza de tu futuro

La emoción de esta fuerza es el entusiasmo, y también la dispara un pensamiento, del tipo contrario: «algo bueno está por suceder». Acá el trabajo no es discutir nada. Es darle materia al futuro para que empiece a pesar. Y la materia de la imaginación es el detalle concreto.

Por eso «pensar en positivo» no mueve nada: es una idea sin cuerpo. Lo que mueve la balanza es visualizar escenas específicas, con textura, y volver a ellas todos los días hasta que tengan el mismo peso que tienen los recuerdos del pasado. El objetivo, aunque suene extraño, es recordar el futuro. Cuando recordás hacia adelante, empezás a construir la realidad en tu mente: primer paso ineludible de todo proceso de reinvención.

Las escenas con las que te propongo trabajar, qué poner en cada una y cómo volver a ellas cada día, a la mañana, al mediodía o antes de dormir, también están en la guía. Pedila acá.

Te preparé la guía para hacer este trabajo

Si venís postergando un cambio que sabés que tenés que hacer, esta guía es para que ese cambio lo decidas vos y no te lo termine imponiendo una crisis. Ya viste por qué te frenás incluso teniendo las ganas y la claridad respecto del paso a dar; con la guía vas a poder hacer, con papel, lápiz y veinte minutos por día durante tres días, el trabajo concreto que inclina la balanza a favor de lo que querés construir. Yo perdí diez años parado en ese umbral. Escribí esto para que vos no los pierdas también.

Es gratuita. Te la mando por correo, con el enlace para descargarla.

Lo que quiero que te lleves

El umbral no se cruza cuando el miedo desaparece. El miedo no desaparece: te acompaña hasta el otro lado. Se cruza cuando el miedo es derrotado por el entusiasmo; cuando la fuerza del futuro y del amor pesa más que la del pasado. Y esa balanza se inclina con trabajo concreto, no con motivación.

¿Y vos, desde dónde arrancás?

Todo esto vale igual para cualquiera que esté parado en el umbral. Lo que cambia es el punto de partida, y no es un detalle menor: no es lo mismo trabajar la fuerza del pasado cuando todavía no sabés qué querés construir, que cuando ya lo sabés y lo que te falta es el cómo.

Preparé un autodiagnóstico corto para eso. Marcás tu posición en el mapa y te devuelvo una lectura de en qué punto del camino estás hoy y cuál es tu próximo paso.

Marcar mi posición en el mapa

Es gratuito y lleva menos de dos minutos. El informe te llega a tu correo.

¿Preferís empezar por el ejercicio? Pedila acá.

La guía de trabajo, para imprimir y completar