Walter Lema
Walter Lema
Mentor de Reinvención Personal · San Martín de los Andes · 9 min de lectura

Durante casi diez años supe que había cosas importantes de mi vida que necesitaba cambiar. Había identificado lo que no encajaba conmigo y sabía hacia dónde quería ir. Lo que me faltaba era la determinación para hacerlo.

Así que seguí postergando.

Hasta que una crisis personal terminó obligándome a tomar muchas de las decisiones que había postergado durante años, y todas juntas. El costo emocional en este caso fue altísimo.

Y hoy, con mis 50s largos y muchos sueños por concretar hacia adelante, todavía sigo pagando esa cuenta, en esos 10 años de mi vida desperdiciados y que nunca voy a recuperar.

Por eso escribí este artículo. Quiero ayudarte a evitar mis errores; a reaccionar a tiempo para que puedas avanzar en tus propios objetivos, alcanzar los mayores beneficios de esa elección de vida, al menor costo posible.

El precio invisible de postergar

Tomar una decisión que te lleve a poner fin a una etapa importante de tu vida tiene consecuencias. La más directa es que duele. Es verdad. No hay forma de enmascarar una verdad incómoda como esta.

Pero lo primero que quisiera adelantarte es que ese es un dolor intenso, pero transitorio.

Hay una frase que me resonó mucho cuando la escuché hace años y que dice así:

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.

El dolor es agudo. Tiene un pico, dura un tiempo y después empieza a bajar. Y duele muchísimo: dejar una empresa que incluye parte de tu historia, soltar una profesión con la que te identificaste durante años o alejarte de gente que querés. Ese dolor es inevitable. Si vas a hacer un cambio significativo, en algún momento lo vas a tener que atravesar. No hay manera de evitarlo.

El sufrimiento funciona distinto. Es de baja intensidad y no se interrumpe nunca. No tiene pico ni curva de bajada: es parejo. Está el domingo a la noche, está en la reunión del martes, está en las vacaciones y está en la cena del sábado con amigos. No te tira al piso. Te acompaña de manera silenciosa y persistente.

intensidad tiempo EL DOLOR intenso, con pico, y después baja EL SUFRIMIENTO leve, parejo, y no se termina nunca el día de la decisión Para no atravesar el pico, la mayoría elige la línea.
Las dos formas de pagar el mismo cambio. Una termina; la otra, no.

Y acá está el punto que casi nadie ve: para no atravesar el dolor, la mayoría elige someterse al sufrimiento. No es una decisión que uno tome sentado, con papel y lápiz. Simplemente basta con hacerse el distraído y mirar para otro lado. El precio de esa distracción es que todo tu mundo emocional quede teñido por un estado de ánimo que puede contener una mezcla de insatisfacción, vacío, angustia o ansiedad crónica.

El problema es que después de un tiempo ya no lo registrás, porque se vuelve parte de tu personalidad. Es como esa radio que dejás prendida, que suena todo el día pero que no escuchás. Y mete ruido en todos lados: en tu trabajo, en tus relaciones, en tu percepción del mundo, en tu relación con vos mismo/a.

La física del umbral

Soy ingeniero, así que permitime pensar este tema como un problema de física. Es la forma más simple que encontré de explicarlo, y veo que funciona.

Cuando estás parado/a frente a un cambio importante y no avanzás, adentro tuyo hay dos fuerzas opuestas de igual magnitud que se anulan entre sí. Yo las llamo las fuerzas del futuro y las fuerzas del pasado. También podés llamarlas fuerzas del avance y fuerzas de la resistencia. Unas te empujan hacia adelante; las otras te tiran para atrás.

  • Si la fuerza del futuro es mayor, estás en camino, aunque todavía no se note.
  • Si la fuerza del pasado es la mayor, cada día que pasa estás un poco más lejos de eso que querés.
  • Y si las dos son iguales, no te movés de donde estás. Eso es la parálisis o estancamiento en el umbral.
EL UMBRAL LO QUE YA VIVISTE LO QUE TODAVÍA NO FUERZAS DEL PASADO se apalancan en el miedo FUERZAS DEL FUTURO se apalancan en el entusiasmo fracasos · errores · creencias «vos no sos capaz» lo viviste: se puede probar deseos · sueños · la vida que todavía no viviste solo existe en tu imaginación Si las dos pesan lo mismo, no te movés.
La flecha de la izquierda arranca siempre con ventaja, y el motivo es el que sigue.

Fijate en algo, porque cambia la forma en que te mirás. La parálisis en el umbral del cambio se ve como una falsa comodidad o serenidad, y una ausencia de conflicto. Los de afuera te ven conforme con tu vida, y hasta vos te lo creés. Sin embargo, adentro tuyo está pasando exactamente todo lo contrario. Hay dos fuerzas grandes empujando en direcciones opuestas todo el día, todos los días, generando una tensión constante. Por eso llegás a la noche agotado/a y sin haber hecho nada que lo justifique.

Por qué las fuerzas del pasado suelen ganar la pulseada

Acá te cuento algo importantísimo. ¡Prestá atención!

El pasado lo viviste. Lo podés ver, tocar y nombrar con detalle: los intentos que salieron mal, los errores que cometiste, las creencias que fuiste armando sobre lo que podés y lo que no. En el pasado puede estar el recuerdo de mensajes de personas significativas en tu vida, que alguna vez te dieron a entender que no eras capaz, que no valías lo suficiente o que no merecías tanto. Todo eso está a flor de piel.

El futuro no existe todavía. No lo podés palpar. Solo existe en tu imaginación. Es un conjunto de ideas, expectativas y deseos que habitan en tu mente, sin ningún fundamento en la experiencia.

Entonces, ¿cuál de las fuerzas creés que va a ganar la batalla?

Por eso, si estás estancado/a y yendo para atrás, no te preocupes, que es lo más normal del mundo. No dice nada malo de vos. Solo hace evidente un hecho de la física: la fuerza de tu pasado es mayor o igual a la de tu futuro. Punto.

Tu vida empezará a cambiar el día en que el poder de tu imaginación venza al poder de tu memoria.

Ahí está la clave. Tenés dos tareas por delante para lograrlo.

Tarea 1: debilitar la fuerza de tu pasado

La emoción sobre la que se apalanca esta fuerza es el miedo. Y el miedo nunca aparece sin motivo: lo dispara un pensamiento del tipo «algo malo me está por suceder». Cualquier pensamiento que te lleve a esa conclusión te va a encender el miedo, y ese miedo te va a hacer retroceder.

Con el miedo no se pelea de frente. Sería como discutir con el humo en vez de apagar el fuego. Hay que ir al pensamiento que le dio origen, y eso se hace en tres pasos. Necesitás una hoja y veinte minutos. Dividila en tres columnas.

1

Sacalo a la superficie

Escribí en la primera, con las palabras exactas con las que aparece en tu cabeza, qué es lo que pensás que va a pasar si hacés el cambio. Sin editarlo y sin acomodarlo para que suene razonable.

2

Pedile el fundamento

En la segunda, anotá en qué se basa. No qué sentís: qué hecho prueba, sin lugar a dudas, que ese pensamiento tiene razón respecto de lo que te va a suceder.

3

Sometelo a juicio

En la tercera, los argumentos que lo invalidan: las veces que sí pudiste, lo que aprendiste y hoy tenés a favor, la evidencia de personas que lograron lo que vos te proponés.

Ejemplos de lo que va en la primera columna: «Me voy a fundir.» «Voy a hacer el ridículo.» «A esta edad ya no me toma nadie.» «Mi familia me va a dejar de acompañar.» Mientras el pensamiento se queda abajo, sin nombre, opera libre. Escrito, ya no.

Cuando trabajes en la segunda vas a descubrir que la mayoría no tiene un apoyo verificable, sino una película armada con retazos de cosas que le pasaron a otros, o que te pasaron hace veinte años, en otras condiciones y siendo otra persona.

Cuando termines vas a llegar a lo mismo que llegué yo. No existe ninguna garantía de que te vaya mal si cambiás. Es una hipótesis disfrazada de certeza.

Y del otro lado sí hay un dato duro, el único de toda la ecuación que es verdad absoluta: si no hacés nada diferente, si no cambiás, vas a seguir igual o peor de cómo estás hoy.

El arma secreta que nadie utiliza

Tu contabilidad existencial

Hay una forma de debilitar todavía más las fuerzas del pasado y ponerlas de rodillas: hacer correctamente tu contabilidad existencial. No te preocupes. ¡Es fácil!

La cuenta del costo de cambiar la tenés clarísima, porque es la que te frena todos los días: el esfuerzo, el riesgo, la plata, la gente de la que te vas a alejar. La que casi nadie hace es la otra, la del costo de no cambiar. Es incómoda; por eso la evitamos.

  • TiempoUn año más así. Es un año que nunca vas a recuperar. ¿Quién te asegura que dentro de un año van a estar dadas las condiciones para tomar la decisión que hoy querés tomar? ¿Y quién te asegura que dentro de un año vas a estar vos para tomarla?
  • Energía¿De dónde van a salir las ganas para mantener el esfuerzo? ¿Con qué energía vas a contar el día que decidas afrontar la exigencia que te va a proponer el cambio?
  • EmocionesSi esta rutina emocional sigue igual un año más, ¿dónde termina? ¿Cuál creés que va a ser tu estado de ánimo si seguís aguantando esta vida que te hace mal?
  • Salud¿Cuánto le estás pidiendo a tu cuerpo que aguante? Si ya sufrís ciertos síntomas relacionados con el estrés y la frustración que estás viviendo, ¿dónde creés que va a desembocar esta situación en un año más?
  • Familia¿Qué versión tuya están recibiendo? ¿Está a la medida del amor que sentís por ellos? ¿Y qué les estás enseñando a tus hijos con tu ejemplo de vida? Porque te ven, aprenden y repiten.

Si la hacés en serio, vas a sentir el empujón. Es la herramienta más potente que conozco para debilitar la resistencia.

Tarea 2: incrementar la fuerza de tu futuro

La emoción de esta fuerza es el entusiasmo, y también la dispara un pensamiento, del tipo contrario: «algo bueno está por suceder». Acá el trabajo no es discutir nada. Es darle materia al futuro para que empiece a pesar. Y la materia de la imaginación es el detalle concreto.

Por eso «pensar en positivo» no mueve nada: es una idea sin cuerpo. Lo que mueve la balanza es visualizar escenas específicas, con textura, y volver a ellas todos los días hasta que tengan el mismo peso que tienen los recuerdos del pasado. El objetivo, aunque suene extraño, es recordar el futuro. Cuando recordás hacia adelante, empezás a construir la realidad en tu mente: primer paso ineludible de todo proceso de reinvención.

Te propongo trabajar con tres escenas, no con una.

1

El día después de la decisión difícil

¿Cómo te mirás al espejo después de haber dado el paso y estar del otro lado del umbral? ¿Qué se siente haber hecho eso que la mayoría de la gente no se anima a hacer? ¿Qué sucede cuando tu nueva vida entró en tu rutina semanal? Esa escena trabaja sobre tu autoestima, y la autoestima es combustible directo de la fuerza de tu futuro.

2

Un día cualquiera de esa vida

No el día del logro ni el de la inauguración: un martes o un jueves común. Dónde te levantás, qué se ve por la ventana, qué estás haciendo a las diez de la mañana, con quién almorzás, a qué hora salís a caminar. Poné todo lo que se te ocurra que podría formar parte de ese día en el que ya dejaste atrás la vieja etapa y estás viviendo al cien por ciento la vida de tus sueños.

3

Tu semana alineada

Abrí mentalmente la agenda de esa etapa. Describí todas las situaciones que estabas esperando vivir y que ahora forman parte de tu semana: cómo empieza, qué pasa en el medio y qué pasa en tu fin de semana. Todo lo que te gustaría que dijera esa agenda. No es la escena del éxito, es la escena de la coherencia, que es una forma muy concreta de paz interior e integridad personal.

Volvé a esas tres escenas todos los días, aunque sea cinco minutos: en tu meditación matinal, en tu pausa del mediodía, o al cierre de la jornada, cuando apoyás la cabeza en la almohada. Suena a poco y parece un ejercicio menor. Es justamente al revés: es lo que hace que el futuro deje de ser una idea linda y se convierta en una fuerza que tracciona.

Te preparé la guía para hacer este trabajo

Las dos tareas, en un cuaderno de trabajo para imprimir y completar: la hoja de las tres columnas, la de tu contabilidad existencial, la de las tres escenas, y una pauta de siete días para que el ejercicio no se te muera el martes.

Es gratuita. Te la doy en pantalla y también te la mando por correo.

Lo que quiero que te lleves

El umbral no se cruza cuando el miedo desaparece. El miedo no desaparece: te acompaña hasta el otro lado. Se cruza cuando el miedo es derrotado por el entusiasmo; cuando la fuerza del futuro y del amor pesa más que la del pasado. Y esa balanza se inclina con trabajo concreto, no con motivación.

¿Y vos, desde dónde arrancás?

Todo esto vale igual para cualquiera que esté parado en el umbral. Lo que cambia es el punto de partida, y no es un detalle menor: no es lo mismo trabajar la fuerza del pasado cuando todavía no sabés qué querés construir, que cuando ya lo sabés y lo que te falta es el cómo.

Preparé un autodiagnóstico corto para eso. Marcás tu posición en el mapa y te devuelvo una lectura de en qué punto del camino estás hoy y cuál es tu próximo paso.

Marcar mi posición en el mapa

Es gratuito y lleva menos de dos minutos. El informe te llega a tu correo.

¿Preferís empezar por el ejercicio? Descargá la guía de trabajo.

La guía de trabajo, para imprimir y completar