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«La verdad es que no sé qué quiero». Es una de las frases que más escucho en mis mentorías. Lo único cierto es el haberse dado cuenta de que la vida actual no es la que se desea proyectar hacia adelante. Se impone la necesidad de un cambio urgente, para recuperar las ganas de levantarse todas las mañanas, con una lista de tareas que despierten entusiasmo y ganas de esforzarse por objetivos que valgan la pena.

Querer un cambio y no saber hacia dónde puede generar mucha angustia. En algunos casos, se llega a este punto luego de meses dándole vueltas a la misma pregunta arriba de la almohada, de varios videos de YouTube y libros de propósito leídos. Es un esfuerzo intelectual enorme puesto al servicio de una pregunta que no se contesta pensando.

¿Cómo tener la claridad suficiente para tomar decisiones?

Entendemos la búsqueda de claridad como el ejercicio de encontrar ese dato que falta, que acomoda todo. Como si en algún rincón tuyo hubiera un sobre cerrado con la respuesta adentro y el trabajo consistiera en hallarlo. Por eso la buscamos donde se buscan los datos: en la cabeza, en la información externa, en la reflexión repetida.

Es difícil que funcione de esa manera. La claridad no es el punto de partida de un proceso de reinvención, es uno de sus resultados en el camino. Pero ese resultado tiene un requisito fundamental y a continuación te cuento cuál es.

La clave para conectar con la pasión

Si hace diez años hacés el mismo trabajo, te juntás con la misma gente, recorrés los mismos lugares y tenés las mismas conversaciones, ¿creés posible encontrar algo verdaderamente novedoso en tus pensamientos?

Tu mente no inventa de la nada: combina información disponible y te arroja una respuesta. Si la información no cambia, las respuestas tampoco.

Por eso, cuando alguien me dice que le está costando encontrar algo que le apasione, una meta hacia adelante que le motive, lo primero que le digo es que no creo que le falte pasión. Lo que le está faltando es el contacto con experiencias nuevas. Ese es el requisito para que aparezca esa claridad: que te expongas a nuevas experiencias. Necesitás hacer algo diferente, salir de tu rutina, de tu zona conocida y más aún, de tu zona de confort, para que tu pasión aparezca.

Te resalto el «más aún» porque precisamente ese es uno de los motivos por los cuales no vas en busca de lo nuevo. No te metés en algo disruptivo y novedoso, porque te va a generar incomodidad. Y es obvio. Si es algo disruptivo y novedoso no sabés qué puede pasar, cómo puede resultar, si valdrá la pena, cómo vas a reaccionar… y lo peor de todo: mirá si después de hacerlo te das cuenta de que ya no hay vuelta atrás. Te gustó tanto lo que viviste que ya no estás dispuesto/a a tolerar un minuto más tu vida actual. Te vas a ver forzado/a a tomar decisiones aún más incómodas.

Imposible. Mejor seguir en la ruedita del hámster. Más angustia, más vacío, más depresión, pero al menos evitamos enfrentar ese miedo a lo desconocido. Pasé por ahí y ¡no te lo recomiendo!

Ahora bien. Hacer algo disruptivo no significa renunciar mañana a tu trabajo, ni vender tu casa e irte al extranjero. Significa empezar a meterle a tu semana algo que no encaje del todo y que tengas ganas de explorar: anotarte en una actividad que no tiene ninguna relación con tu profesión, aceptar esa invitación que siempre esquivás, retomar aquello que dejaste a los veinte porque no tenías tiempo, irte tres días a un lugar donde no conocés a nadie. Cada una de esas experiencias es información nueva entrando a un sistema mental y emocional que hace años se alimenta de lo mismo.

El corazón comprende antes que la razón

Cuando algo empiece a asomarse, y en algún momento va a suceder, cuidado con evaluarlo solamente con la cabeza. La cabeza va a preguntar si es rentable, si es sensato, si es la edad, si es el momento, qué van a decir los demás. Algunas pueden ser preguntas válidas, pero son para mucho más adelante. Darles cabida ahora es como plantar una semilla en la tierra y, cuando empieza a germinar, cavar el pozo y sacarla para ver sus primeros brotes.

La observación que deberías considerar es otra: prestale atención a tu cuerpo. Si al considerar una vida conectada con esa idea no te pasa nada, es para sospechar. Si por el contrario te despierta entusiasmo o, más aún, te conmueve hasta las lágrimas, es señal de que ahí hay algo significativo para vos y tu futuro. No importa si en ese momento no encontrás la forma de materializar la idea como proyecto. Eso viene después.

La mente no suele ser la mejor consejera para las cuestiones trascendentes de la vida. Conectar con la sabiduría del corazón es mejor estrategia, y conectar con la sabiduría de tu alma es mejor todavía. El entusiasmo que sentís no es solo una emoción aleatoria: es información, y de la más confiable que podés conseguir. Te está indicando que es por ahí la búsqueda.

La claridad se encuentra en el camino

Te lo cuento con mi propia historia, porque a mí me pasó exactamente en ese orden: primero la decisión incómoda, después la pasión y la claridad recién en el camino.

Todo empezó con una primera decisión incómoda: dejar todo lo que me aportaba un sentido de identidad en Buenos Aires para mudarme a un futuro incierto en la Patagonia. En Patagonia conecté con mi pasión, que es el disfrutar del contacto con la naturaleza, el aprender de su sabiduría, el redescubrirme en ella, el sanar heridas y trascender miedos que me incapacitaban, gracias a las actividades de aventura.

Esta pasión me llevó a desarrollar un emprendimiento donde podía canalizarla y, al hacerlo, descubrí cuál era mi misión en la vida.

El primer trabajo que cobré en mi nueva vida fue llevar a un grupo de padres con sus hijos adolescentes a subir el volcán Lanín. El objetivo del programa era ayudarlos a reconectarse, a abrir un canal de comunicación que hacía años estaba cerrado. Esos días, en mi primer programa de aventura, todo tuvo sentido. Mi pasión, mi misión e incluso la relación con mis traumas del pasado.

Te cuento algo muy personal. Con mi papá siempre tuvimos dificultad para comunicarnos. Parecía que vivíamos en dos universos paralelos. El único lugar donde nos encontrábamos de verdad era arriba de un bote, pescando en medio de un lago en medio de la naturaleza, en silencio. Ese silencio compartido era lo más parecido a una conversación que pudimos tener durante años. Ahora fijate una cosa: mi primera contribución profesional al mundo se apoyaba exactamente sobre esa herida. Ayudar a padres a conectar con sus hijos adolescentes en la naturaleza.

¿Qué quiero decirte con todo esto?

No necesitás claridad para tomar decisiones. Necesitás tomar decisiones para tener claridad.

No te preocupes por tener todas las respuestas ahora. Preocupate por dar el primer paso: animarte a hacer eso que tenés ganas de hacer desde hace rato, ese deseo que viene desde adentro y al que te cuesta responder. Ahí suele estar la punta del ovillo.

La claridad va a llegar, pero a su debido tiempo. Ahora movete, exponete a lo que todavía no viviste, prestale atención a lo que te conmueve, dejá entrar aire nuevo. Eso que hoy no sabés nombrar está adentro tuyo, esperando las condiciones para manifestarse. Tu alma sabe hacia dónde querés ir mucho antes de que tu cabeza pueda explicarlo, y lo único que te pide es que salgas de esa zona de sufrimiento cómodo, para poder guiarte hacia tu verdadero destino.

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